lunes, 21 de diciembre de 2015

Empecé a tocar Stratocaster medio por la fuerza. La primer viola que tuve era una Samick acústica, con la que empecé a hacer algunos acordes, pero para solear era MUY MUYYY dura... imposible, entonces se la cambié a un amigo por una Faim Les Paul, con la que ahí sí me largué a hacer solos y dedicarme a la parte melódica de la guitarra. Después vino una Fender Floyd Rose diviiiiina, con la que me asenté más en el estilo que quería, me la robaron, y tuve que salir medio de urgencia a comprar otra. Ya que estaba me tiré a la Strato, sabía que me iba a ser medio incómodo el pasaje de "arquitectura" pero quería empezar a trabajar el tono strato dentro de lo que considero mi estilo personal. No me arrepentí JAMAS. Fue un Crush al toque, un cariño por la guitarra y el sonido que fue una experiencia así muy armadura de Pegaso (posta).
Uno de los temas más emblemáticos por ahí de ese pasaje es For the Love of God de Steve Vai. Que si bien lo tocaba en la Floyd Rose, hacer el pasaje a Stratocaster no fue nada fácil. Para los que por ahí no estén tan metidos en la movida guitarras y esas cosas doy un ejemplo: Tocar con una Floyd Rose es como Correr 100 metros llanos, tocar con una Strato es correr esos 100 metros llanos pero con piedritas en las zapatillas y una paloma cagándote cada tanto.... llegar llegás, pero te rompe un poco las pelotas. La Strato es eso (para mí)... es incómoda, arenosa, es como lamer cemento un poco, pero el sonido es una herencia. Es el sonido de Hendrix, Clapton, Gilmour, Malmsteen... y un panteón de músicos que encontraron en la Strato EL sonido.
En esta ocasión comparto For the love of God de Steve Vai, una obra totalmente concebida para Floyd Rose (ponele) y que acá la interpreto con la Strato, así... como paracaídas de arpillera.



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